Ahora que me encuentro solo en mi habitación, deseo tanto la noche. Que sea larga. Que no termine. Que me abrace incansablemente.
Que me hable y me arrulle con la voz de mi madre.
Que me aliente a avanzar con la autoridad de mi hermana.
Que me cobije como mis abuelas y me convenza que no hay brujas en la cocina.
Que cuente mis errores y me perdone con un beso como lo hacía la mujer que he amado y se ha marchado.
Que me conduzca por el sendero del arte y la belleza como lo han hecho mis maestras.
Que me haga sentir el más grande de los hombres con sólo abrir los ojos como mis hijas.
Que diga mi nombre.
Quiero que la noche y la luna sean las mensajeras del Dios de lo fecundo para que mis letras viajen por el tiempo, toquen a cada ser vivo y el amor se renueve, renazca.
Persigo que el mundo vuelva la vista hacia el vientre de la creación.
Ambiciono ver el planeta generoso que conocí cuando niño.
El renacimiento se gesta en las virtudes femeninas del universo y ello lo celebro recalcitrantemente, porque por ellas vivo, respiro y escribo. Por las mujeres que me han formado y me han hecho hombre. Por la fortaleza de su espíritu que engrandece a nuestra especie, por tener nombre de mujer.
Que me hable y me arrulle con la voz de mi madre.
Que me aliente a avanzar con la autoridad de mi hermana.
Que me cobije como mis abuelas y me convenza que no hay brujas en la cocina.
Que cuente mis errores y me perdone con un beso como lo hacía la mujer que he amado y se ha marchado.
Que me conduzca por el sendero del arte y la belleza como lo han hecho mis maestras.
Que me haga sentir el más grande de los hombres con sólo abrir los ojos como mis hijas.
Que diga mi nombre.
Quiero que la noche y la luna sean las mensajeras del Dios de lo fecundo para que mis letras viajen por el tiempo, toquen a cada ser vivo y el amor se renueve, renazca.
Persigo que el mundo vuelva la vista hacia el vientre de la creación.
Ambiciono ver el planeta generoso que conocí cuando niño.
El renacimiento se gesta en las virtudes femeninas del universo y ello lo celebro recalcitrantemente, porque por ellas vivo, respiro y escribo. Por las mujeres que me han formado y me han hecho hombre. Por la fortaleza de su espíritu que engrandece a nuestra especie, por tener nombre de mujer.
Joaquín Maldonado.
Ya mero me sacas las de cocodrilo ¡Así hasta parece que no tienes caca en la cabeza!
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