Para compartir

viernes, 16 de abril de 2010

Sahar Khalifeh (Palestina 1941)

Vio la luz en la tierra prometida, en la región ampliamente disputada a través de cientos de años. Los regímenes se vuelcan dolorosamente cada cuando para ocupar las libertades y las conciencias. Es por eso que duele un poco más la poesía vertida desde las guerras, desde el vestigio estridente de los misiles.
¿Vale la pena escribir?
¿Por qué no?

Cactus. (fragmento)

" ¿Por qué nos duelen las canciones heridas? ¿Por qué somos un pueblo romántico? No, él no era romántico. Había dejado de serlo. O eso había llegado a creer. ¿Cómo había llegado a éste punto? Entrenamiento, disparos, serpenteo cuerpo a tierra, tensión del vientre… Y el hombre deja de ser romántico, en sus actos y en su lógica. Los sueños individuales se desvanecen, y el individuo se convierte en una bala del arsenal. Quizás la experiencia lo perfeccione y se convierta en un misil. Un misil dirigido. Esta es la lógica. Dijeron muchas cosas, dijimos muchas cosas. Cosas lógicas, ecuaciones históricas que se imponen a la existencia del individuo y éste se convierte en el número de la ecuación. Número. Números. Se conforma la ecuación de manera científica, realista, palpable. Y el romanticismo fenece. Mueren los sueños sensibles, muere la poesía. " epdlp

martes, 23 de marzo de 2010

¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?

Me dijiste que las flores que te envié parecían cardamomo. Eso me provocó una terrible tecamaprosis en el yagrefito paralelo; es más, mi madre tuvo que desorgetarme dos veces la coralema y mis pantergas se hicieron chiquitas. Ahora ya no te envío, sino mis más sinceras y desagrestadas carbolescencias.

lunes, 8 de marzo de 2010

A propósito del día de la mujer...

Ahora que me encuentro solo en mi habitación, deseo tanto la noche. Que sea larga. Que no termine. Que me abrace incansablemente.
Que me hable y me arrulle con la voz de mi madre.
Que me aliente a avanzar con la autoridad de mi hermana.
Que me cobije como mis abuelas y me convenza que no hay brujas en la cocina.
Que cuente mis errores y me perdone con un beso como lo hacía la mujer que he amado y se ha marchado.
Que me conduzca por el sendero del arte y la belleza como lo han hecho mis maestras.
Que me haga sentir el más grande de los hombres con sólo abrir los ojos como mis hijas.
Que diga mi nombre.
Quiero que la noche y la luna sean las mensajeras del Dios de lo fecundo para que mis letras viajen por el tiempo, toquen a cada ser vivo y el amor se renueve, renazca.
Persigo que el mundo vuelva la vista hacia el vientre de la creación.
Ambiciono ver el planeta generoso que conocí cuando niño.
El renacimiento se gesta en las virtudes femeninas del universo y ello lo celebro recalcitrantemente, porque por ellas vivo, respiro y escribo. Por las mujeres que me han formado y me han hecho hombre. Por la fortaleza de su espíritu que engrandece a nuestra especie, por tener nombre de mujer.

Joaquín Maldonado.

domingo, 7 de marzo de 2010

Aprendiz

   

     Había una vez, en un lugar muy parecido a este, un niño que solía evitar todo contacto con otros. Le gustaba mucho jugar, pero no era muy diestro con los juegos comunes. Las canicas escapaban de sus manos e iban a parar a los bolsillos de los otros chicos de la cuadra como si fuera una maldición. El trompo solo bailaba cuando estaba en manos ajenas, nunca en las suyas. La bicicleta estaba prohibida por el lugar en el que pululaban los peligros: autos en veloz carrera para llegar al mercado central, autobuses fieros que rondaban hambrientos de niños inocentes, el tan famoso “Robachicos” que se escondía detrás de cada semáforo con su costal interminable y desconsolador. Era como si todo juguete se negara a tomar su esencia ante la mirada temerosa y ufana de aquel pequeño inútil de recreos.

     Rondaba siempre, en cada vacación en casa de su abuela la aristócrata. Sus finos modales y su buen decir lo agobiaba. Él prefería a su abuela contadora de historias, pero estaba lejos. Decenas de cientos de kilómetros, justo del otro lado del telón vivía la abuela parlanchina entre calles empedradas y árboles que se peinaban con copete. Aun así, la aristócrata tenía cierto encanto. Por la mañana se levantaban a caminar justo después que las campanas de la basílica tocaban su matinal concierto. Caminaban por las calles que después se convertían en veredas. Caminaban. Avanzaban. Ella le enseñaba cosas que él no recordaría jamás, salvo cuando se ponía a caminar sin rumbo, ya entrado en años. Después del recorrido, volvían a casa. Ella entraba a su santuario. Él, siempre en silencio, atisbaba, entre cortinas los juegos de los demás niños del callejón. Así pasaba el mediodía, después llegaba la tarde. Luego la noche. La televisión tomaba importancia a la hora de la siesta de la refinada abuela. Un canal ofrecía películas, antiguas como las muñecas de porcelana que adornaban la sala y las estancias personales. Otro canal decía cosas, muchas cosas. De pronto, al cambiar de canal, aparecía una mujer madura, vestida de azul, sentada en un taburete imaginario y contaba historias, leyendas, cuentos y le recordó a la abuela platicadora. El programa seguía e iban y venían los cuentos. Pasaban personajes, escenarios coloridos y eso le reconfortaba al niño inútil de los juegos.

     Un día conoció uno de esos escenarios en vivo. En una de tantas caminatas que hacían él y la abuela bien educada pasaron por un recinto majestuoso. Lleno de luz y belleza.
–Es un teatro- dijo la abuela.
-¿Qué es eso?- preguntó el crío.
–Un lugar donde hay magia y belleza, música y bailes encantadores. Donde se cuentan historias de todas las épocas, de países exóticos y desencantados- respondió la conocedora señora.
– ¿Podemos entrar a ver eso que dices? Preguntó con sus ojos pequeños engrandecidos por el deseo.      La abuela, (con esas decisiones extrañas que toman a veces) tomó su mano y compró un par de entradas para una función de teatro. El niño se refugió detrás de la abuela, pues el taquillero se parecía mucho al protagonista de sus pesadillas. A pesar del terrible encuentro entraron. El lugar era justo como en las películas. Un salón enorme, en semicírculo. Justo arriba de ellos cuelga un candelabro gigantesco. Digno de un salón imperial. Se sientan. Frente a ellos hay un enorme dibujo del monte Parnaso. Alrededor del candelabro hay muchas figuras de personajes que, él imagina, deben ser muy importantes. Hay una voz que dice al fin “tercera llamada”. Las luces se apagan y se escucha la orquesta. Empieza la función. Él niño nunca parpadea. No respira. No se mueve. Se queda congelado en el tiempo.




                                                 El veneno del teatro había surtido efecto.




     Una vez, él, ya convertido en chico mayor se encontró con una abnegada y culta maestra de teatro. Era muy parecida a su abuela Cuentacuentos con un toque aristocrático como el que tenía su abuela de la vacación. Le enseñó a amar el teatro, a vivirlo, transmitirlo y sangrarlo en el sentido poético.      Con esa energía que la caracterizaba, ya montaba una obra, ya otra y otra y otra… no parecía haber fin. Pasaba Shakespeare, Moliere, García Lorca, Carballido, Cervantes; uno a uno iba tomando rumbo y volvía a vivir en cada representación. La entrañable Lola se convertía en maestra y después en madre, la madre artística de aquel chiquillo que alguna vez quedó congelado de la mano de su abuela. La mujer que le enseñó a enfrentar la realidad con la ficción. El veneno del teatro seguía corriendo por las venas de aquel aprendiz.




-----Lo sigue haciendo y por el teatro vuelvo a latir. Vuelvo a congelarme en el tiempo. Vuelvo a respirar con el ímpetu que da el amor a la vida. Mi corazón, mi alma se vierte cada vez que la orquesta toca la obertura... cuando abre el…

                                                                                                          Telón.

lunes, 15 de febrero de 2010

Son Jarocho por Radio UNAM

*Una recopilación del son jarocho a través de música, literatura y testimonios.
**La serie constará de 20 programas con una duración de 60 minutos.
 
 
Con el gusto de compartir al radioescucha las diferentes manifestaciones y la diversidad  del son jarocho, Radio UNAM transmitirá, a partir del 1 de febrero, la serie “Corazón al sotavento”, de lunes a viernes, en punto de las 20:00 horas, por el 96.1 de FM.
 
La producción y conducción estará a cargo de Aurelia Nashrú López Rascón, quién ofrecerá un panorama general del son jarocho a través de música, literatura y testimonios.  Un recorrido musical que abarcará desde lo más tradicional hasta composiciones nuevas hechas dentro y fuera de nuestro país.
 
A decir de López Rascón “ante el empobrecimiento de la cultura musical de nuestro tiempo, siempre es reconfortante encontrarse con la buena noticia de que el son jarocho, que moría de inanición a mediados de la década de los setenta, 30 años después rinda frutos gracias al esfuerzo de jóvenes sensibles, inquietos y combativos que hicieron posible el movimiento‘ jaranero’que logró conectar a los abuelos con las nuevas generaciones”.
 
Con esa intención la productora y además conductora de este serie explica que a lo largo de 20 programas el público podrá escuchar exponentes del son jarocho que van desde los campesinos que siempre han participado en las fiestas comunitarias de sus pueblos, hasta grupos de talla internacional que han aportado nuevas composiciones y fusiones del son.   

Entre los primeros escucharemos a conocidos personajes como el jaranero Elías Meléndez, , Don Higinio Tadeo, Lorenzo “La Bonga”, Polo Azamar, el conjunto Tierra Blanca o el legendario Arcadio Hidalgo, quien es justamente el eslabón entre ambas corrientes, ya que arribó al ámbitó internacional con la agrupación Mono Blanco. También, escucharemos a grupos como Son de Madera, Chuchumbé, Siquisirí, Mono Blanco, Los Vega, o Los Parientes, donde se encuentran activos promotores de la renovación del son.
 
Aquí les dejo el enlace:
 
 
¡Opinad!


domingo, 14 de febrero de 2010

Julio Cortázar- Tu Más Profunda Piel

Julio Cortázar (Bélgica 1914 - Francia 1984)
Maestro del relato corto y la prosa poética.


En este texto de profundo valor erótico, Julio Cortázar narra  en forma metafórica y poética un encuentro casual. Nos cuenta, como si estuviera frente a ella todo el dolor que le produce su sombra, su ausencia. En el título de este capítulo del libro "Ultimo Round" Editorial Siglo XXI pp. 198-203, podemos traducir el contexto subjetivo de la belleza femenina.
Al equiparar el cuerpo con las delicias de la  pasión, con  el deseo más puro, con flores y quimeras, con el humo que da forma a los cuerpos y a los aromas, es cuando el amor, aunque fugaz, dura para siempre.

Aquí te dejo el texto.

TU MÁS PROFUNDA PIEL

...opinen...


viernes, 12 de febrero de 2010

Literatura erótica

Gracias al sitio Libros en Red   les comparto este fragmento a propósito de estas celebraciones "sanvalentinescas"

No es en sí misma erótica, pero incluye un episodio, que no dura más que una serie de párrafos, en donde se desentiende por completo de la trama general para detenerse, con soberana morosidad, en el encuentro carnal entre el protagonista y su amante. Y esa pausa en el argumento, esa inmersión en el placer creada con palabras, es la mejor muestra de literatura erótica que encontramos para esta ocasión. El fragmento en cuestión aparece en el capítulo VI de Nadie nada nunca, novela del escritor argentino (1937-2005) Juan José Saer.
Como suele hacer en sus obras, Saer toma estados y situaciones corrientes y las devuelve expandidas, dilatadas, ampliadas a nuestra conciencia de lectores. Examina exhaustivamente los pliegues y las secuencias de la realidad que nos suele pasar desapercibida para volvernos más conscientes de nuestra experiencia vital y para revelarnos la espesura del presente.
Aquí el fragmento: 


Va entrando, despacio, como en un pantano, en la mujer de bronce, que lo recibe con un silencio reconcentrado, los ojos cerrados, la boca entreabierta, el labio superior encogido dejando ver cuatro dientes opacos, la cavidad de la boca envuelta en una penumbra rojiza. Su boca se pega a los labios entreabiertos. Las manos, que buscan primero las tetas espesas, blandas, se deslizan a los costados y se reúnen en la espalda sudorosa, se tocan un momento y bajan hasta las nalgas, apoderándose de ellas; las manos oprimen y apelotonan la carne blanda, incitando al cuerpo de la mujer a arquearse de modo tal que ya no se apoya sobre la cama –aparte de la cabeza que reposa sobre la almohada aplastada por el beso inmóvil– más que por los omóplatos y por la planta de los pies: el resto está en el aire, en tensión, sosteniendo el cuerpo del Gato que, como en un pantano, ha entrado en ella.

El ritmo se ha hecho ahora regular: la parte superior de los cuerpos, de la cintura para arriba, está inmóvil, la cara del Gato aplastada contra el hombro izquierdo de Elisa, la de Elisa emergiendo por sobre el hombro izquierdo del Gato, los ojos cerrados, la piel a la que el sudor da un lustre uniforme, los pechos y los vientres aplastados unos contra otros, la cama acompañando con un crujido rítmico el movimiento regular que los cuerpos ejecutan de la cintura para abajo: el del Gato de arriba abajo y de abajo arriba, entrando y saliendo, entrando y saliendo, la mujer un movimiento circular de su abdomen que acompaña y complementa el movimiento del Gato, cuyas nalgas se hunden y sobresalen, dándole la complejidad de un sistema de poleas y de pistolas combinados donde un ligero desnivel de recurrencia no sólo no desentona sino que contribuye a aportar cierta complejidad armónica al conjunto.

Los quejidos de la mujer, cuya frecuencia se prolonga y cuya intensidad va en aumento, resuenan sobre el fondo monótono de los jadeos del Gato hasta que, de golpe, el movimiento circular de vientre de la mujer y el movimiento vertical de vaivén de las nalgas del Gato, durante unos segundos, se detienen, antes del coletazo final, un violento sacudimiento de caderas que se repite tres, cuatro, cinco veces, acompañado de una serie de gritos, de lamentos, de obscenidades, de suspiros, de exclamaciones que llenan el aire lívido de la pieza.

De rodillas, el Gato hunde el mentón entre las piernas separadas de Elisa, entre los pelos negros del pubis. Elisa, parada a un costado de la cama, tiene el cuerpo rígido e inclinado un poco hacia atrás, de modo que es su vientre lo que sobresale, en tanto que la espalda de bronce está como oblicua respecto de su cintura. Sus hombros se sacuden tal vez porque sus manos acarician la cabeza del Gato, hundida entre sus muslos y, por la posición de su cuerpo, sus brazos se estiran al máximo para poder tocar el cabello rubio.

Sobre la cama, Elisa, en cuatro patas, la cara casi tocando la pared, las manos apoyadas sobre la almohada, espera, sin impaciencia, que el Gato, que avanza hacia ella, de rodillas, desde la otra punta de la cama, comience a separar, con manos sudorosas, sus nalgas que presentan en la parte inferior una franja blancuzca horizontal, único contraste en su cuerpo de bronce. Cuando, después de una búsqueda trabajosa, el Gato entra por fin en ella, Elisa emite un quejido ronco, profundo, prolongado, y va dejándose caer, boca abajo, despacio, hasta quedar extendida sobre la cama, con el Gato adherido a ella como una limadura de hierro a la superficie de un imán.

domingo, 31 de enero de 2010

Audio de Radiodrama "La mujer que no conocía el miedo"

zSHARE - 06 - La mujer que no conoc__a el miedo.mp3

 En el año 2004, mientras organizábamos algunas actividades radiofónicas, se nos ocurrió a mis cómplices y a mí, trabajar algunos radiodramas y programas de tipo dramático aprovechando las bondades que tiene el teatro. Gracias al sitio www.zshare.net puedo compartir uno de estos trabajos.

sábado, 23 de enero de 2010

Rodolfo Morales

Hay ciertos momentos en los que es necesario recordar los nombres de los seres que han trascendido en el ámbito cultural, artístico y humano. Cada vez que alguien, llámese escritor, actor, pintor, etc., logra poner su nombre en la memoria colectiva, se convierte en patrimonio. He aquí el homenaje que realizó Tempomedia Filmproduktion, Düesseldorf GmgH© 1999 al filántropo, poeta de los colores, eterno soñador: Rodolfo Morales. El vídeo ha sido colgado a YouTube por sbusumacinta.