Para compartir

lunes, 15 de febrero de 2010

Son Jarocho por Radio UNAM

*Una recopilación del son jarocho a través de música, literatura y testimonios.
**La serie constará de 20 programas con una duración de 60 minutos.
 
 
Con el gusto de compartir al radioescucha las diferentes manifestaciones y la diversidad  del son jarocho, Radio UNAM transmitirá, a partir del 1 de febrero, la serie “Corazón al sotavento”, de lunes a viernes, en punto de las 20:00 horas, por el 96.1 de FM.
 
La producción y conducción estará a cargo de Aurelia Nashrú López Rascón, quién ofrecerá un panorama general del son jarocho a través de música, literatura y testimonios.  Un recorrido musical que abarcará desde lo más tradicional hasta composiciones nuevas hechas dentro y fuera de nuestro país.
 
A decir de López Rascón “ante el empobrecimiento de la cultura musical de nuestro tiempo, siempre es reconfortante encontrarse con la buena noticia de que el son jarocho, que moría de inanición a mediados de la década de los setenta, 30 años después rinda frutos gracias al esfuerzo de jóvenes sensibles, inquietos y combativos que hicieron posible el movimiento‘ jaranero’que logró conectar a los abuelos con las nuevas generaciones”.
 
Con esa intención la productora y además conductora de este serie explica que a lo largo de 20 programas el público podrá escuchar exponentes del son jarocho que van desde los campesinos que siempre han participado en las fiestas comunitarias de sus pueblos, hasta grupos de talla internacional que han aportado nuevas composiciones y fusiones del son.   

Entre los primeros escucharemos a conocidos personajes como el jaranero Elías Meléndez, , Don Higinio Tadeo, Lorenzo “La Bonga”, Polo Azamar, el conjunto Tierra Blanca o el legendario Arcadio Hidalgo, quien es justamente el eslabón entre ambas corrientes, ya que arribó al ámbitó internacional con la agrupación Mono Blanco. También, escucharemos a grupos como Son de Madera, Chuchumbé, Siquisirí, Mono Blanco, Los Vega, o Los Parientes, donde se encuentran activos promotores de la renovación del son.
 
Aquí les dejo el enlace:
 
 
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domingo, 14 de febrero de 2010

Julio Cortázar- Tu Más Profunda Piel

Julio Cortázar (Bélgica 1914 - Francia 1984)
Maestro del relato corto y la prosa poética.


En este texto de profundo valor erótico, Julio Cortázar narra  en forma metafórica y poética un encuentro casual. Nos cuenta, como si estuviera frente a ella todo el dolor que le produce su sombra, su ausencia. En el título de este capítulo del libro "Ultimo Round" Editorial Siglo XXI pp. 198-203, podemos traducir el contexto subjetivo de la belleza femenina.
Al equiparar el cuerpo con las delicias de la  pasión, con  el deseo más puro, con flores y quimeras, con el humo que da forma a los cuerpos y a los aromas, es cuando el amor, aunque fugaz, dura para siempre.

Aquí te dejo el texto.

TU MÁS PROFUNDA PIEL

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viernes, 12 de febrero de 2010

Literatura erótica

Gracias al sitio Libros en Red   les comparto este fragmento a propósito de estas celebraciones "sanvalentinescas"

No es en sí misma erótica, pero incluye un episodio, que no dura más que una serie de párrafos, en donde se desentiende por completo de la trama general para detenerse, con soberana morosidad, en el encuentro carnal entre el protagonista y su amante. Y esa pausa en el argumento, esa inmersión en el placer creada con palabras, es la mejor muestra de literatura erótica que encontramos para esta ocasión. El fragmento en cuestión aparece en el capítulo VI de Nadie nada nunca, novela del escritor argentino (1937-2005) Juan José Saer.
Como suele hacer en sus obras, Saer toma estados y situaciones corrientes y las devuelve expandidas, dilatadas, ampliadas a nuestra conciencia de lectores. Examina exhaustivamente los pliegues y las secuencias de la realidad que nos suele pasar desapercibida para volvernos más conscientes de nuestra experiencia vital y para revelarnos la espesura del presente.
Aquí el fragmento: 


Va entrando, despacio, como en un pantano, en la mujer de bronce, que lo recibe con un silencio reconcentrado, los ojos cerrados, la boca entreabierta, el labio superior encogido dejando ver cuatro dientes opacos, la cavidad de la boca envuelta en una penumbra rojiza. Su boca se pega a los labios entreabiertos. Las manos, que buscan primero las tetas espesas, blandas, se deslizan a los costados y se reúnen en la espalda sudorosa, se tocan un momento y bajan hasta las nalgas, apoderándose de ellas; las manos oprimen y apelotonan la carne blanda, incitando al cuerpo de la mujer a arquearse de modo tal que ya no se apoya sobre la cama –aparte de la cabeza que reposa sobre la almohada aplastada por el beso inmóvil– más que por los omóplatos y por la planta de los pies: el resto está en el aire, en tensión, sosteniendo el cuerpo del Gato que, como en un pantano, ha entrado en ella.

El ritmo se ha hecho ahora regular: la parte superior de los cuerpos, de la cintura para arriba, está inmóvil, la cara del Gato aplastada contra el hombro izquierdo de Elisa, la de Elisa emergiendo por sobre el hombro izquierdo del Gato, los ojos cerrados, la piel a la que el sudor da un lustre uniforme, los pechos y los vientres aplastados unos contra otros, la cama acompañando con un crujido rítmico el movimiento regular que los cuerpos ejecutan de la cintura para abajo: el del Gato de arriba abajo y de abajo arriba, entrando y saliendo, entrando y saliendo, la mujer un movimiento circular de su abdomen que acompaña y complementa el movimiento del Gato, cuyas nalgas se hunden y sobresalen, dándole la complejidad de un sistema de poleas y de pistolas combinados donde un ligero desnivel de recurrencia no sólo no desentona sino que contribuye a aportar cierta complejidad armónica al conjunto.

Los quejidos de la mujer, cuya frecuencia se prolonga y cuya intensidad va en aumento, resuenan sobre el fondo monótono de los jadeos del Gato hasta que, de golpe, el movimiento circular de vientre de la mujer y el movimiento vertical de vaivén de las nalgas del Gato, durante unos segundos, se detienen, antes del coletazo final, un violento sacudimiento de caderas que se repite tres, cuatro, cinco veces, acompañado de una serie de gritos, de lamentos, de obscenidades, de suspiros, de exclamaciones que llenan el aire lívido de la pieza.

De rodillas, el Gato hunde el mentón entre las piernas separadas de Elisa, entre los pelos negros del pubis. Elisa, parada a un costado de la cama, tiene el cuerpo rígido e inclinado un poco hacia atrás, de modo que es su vientre lo que sobresale, en tanto que la espalda de bronce está como oblicua respecto de su cintura. Sus hombros se sacuden tal vez porque sus manos acarician la cabeza del Gato, hundida entre sus muslos y, por la posición de su cuerpo, sus brazos se estiran al máximo para poder tocar el cabello rubio.

Sobre la cama, Elisa, en cuatro patas, la cara casi tocando la pared, las manos apoyadas sobre la almohada, espera, sin impaciencia, que el Gato, que avanza hacia ella, de rodillas, desde la otra punta de la cama, comience a separar, con manos sudorosas, sus nalgas que presentan en la parte inferior una franja blancuzca horizontal, único contraste en su cuerpo de bronce. Cuando, después de una búsqueda trabajosa, el Gato entra por fin en ella, Elisa emite un quejido ronco, profundo, prolongado, y va dejándose caer, boca abajo, despacio, hasta quedar extendida sobre la cama, con el Gato adherido a ella como una limadura de hierro a la superficie de un imán.